Temblas, y no exactamente por el frió. Aparece la voz, la que exactamente no es una voz. La misma que aparecía cuando tenias miedo a los cinco años. No dice nada, pero habla. Demasiado grave para tus odios. Un sonido mudo, pero punzante a tus sentidos.
La peor parte es que no sabes quien o que es, si habla o no. Si quiere ser escuchada. Pero aparece de vez en cuando con un escalofrío que te invade el cuerpo.
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No me gustan los anonimos. No me gustan las malas criticas ni nada que puedas decir sin razon alguna.
Si no cumplis con eso retirate.
Saludos, Lucía.