martes

un boleto a vos

Si te vas a tomar el tren sin avisar no pienses que te voy a esperar en la estación. Es una falta de amor, sí, lo sé. Pero más falta es comprarse el boleto con destino a quien sabe dónde y dejarle la duda a un corazón que no sabe si subirse a la próxima serie de vagones o tirarse a las vías para ahogar sus penas allí, tal vez esperando que te levante el próximo ferrocarril.
Así pues, me quede independientemente de todas las salidas. Ahí en un banco de estación tejiendo sueños, esperando al tiempo. No busque a nadie, espere alguien vago que pudiera encontrarme en mi pequeño lugar.
Como el mejor maquinista dejaste tu tren oxidado de recuerdos, pensando no volver a encontrar pintura que tape tal destrucción. Ya no buscabas remedio y encontraste el banquito donde me deshice de la ilusión de empezar de nuevo. Donde nos pusimos el disfraz equivocado, donde me desnudaste con las palabras exactas que nadie sabía usar, donde nos preguntamos qué hacíamos ahí si teníamos un vagón y un camino para construir.

¿Viajas conmigo?

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Saludos, Lucía.